27.4.06

Que va'cer!

Era la más puta de todas. Todos lo sabían. Se percibía en el aire lo que acentuaba su condición. Significaba que irradiaba lujuria, exhalaba impudicia. Si fuera solamente su aspecto físico el que le colgara el cartelito de “fácil”, no sería tan escandaloso como lo es ahora. Bastaba conversar tres minutos con ella y se la percibía entregada. Como siempre el último en enterarse fue el novio. Y no me pregunten cómo diablos el novio no sabía que su novia era una atorranta. Es cierto que el amor es ciego. Demasiado a veces. Cuatro años de noviazgo. Cuatro años dibujando meticulosamente un par de cuernos en la cabeza del pobre tipo. Pero hay más dulce en el fondo del frasco. La puta los elegía entre sus propios compañeros de trabajo que a su vez eran los mismos compañeros de su novio. Es decir, esa empresa era una orgía permanente con ella como principal animadora. Todos lo sabían, todos gozaban con ella y ella después los perseguía. Un acoso que colmó la paciencia de uno de sus amantes y provocó el destape del secreto. Fue muy sencillo ponerla al descubierto. El novio tenía que hacer un viaje y ella ya había insistido en citar al amante acosado quien no quería más sexo con ella. El amante llamó al novio y entre los dos le tendieron la trampa. El novio fingió irse de viaje, ella llamó al amante, concertó la cita en un hotel y allí los esperó el novio. Ver para creer. Todos pensaron que la pareja de novios vivía la relación con reglas de “amor libre”, pero se equivocaron, el pobre tipo tardó mucho tiempo en darse cuenta de la situación. Era la más puta de todas.

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